miércoles, 23 de marzo de 2016

FIAT CR.32, Oleo sobre lienzo - 34 x 24 cm (en venta)


Se trata en  realidad de un estudio preparatorio para un cuadro más grande en el que pinté una formación completa de cazas italianos Fiat CR.32 durante la guerra civil española. En esta ocasión si utilicé como referencia una de las pocas fotos históricas de calidad que existen del “Chirri” en vuelo, y para el cuadro definitivo un raro y caro modelo a escala que me llevó mucho tiempo preparar por su escaso nivel de calidad. No disponemos de una imagen aceptable de esta pintura, pero estamos en ello.

El CR.32 es un biplano que no lo pone nada fácil a la hora de encontrarle “el momento”, especialmente por la disposición de sus numerosos montantes en alas y tren de aterrizaje. Dependiendo de la perspectiva que se escoja, forman un complejo entramado que tiende a crear un efecto extraño en el dibujo y a estropear la pureza de líneas del fuselaje. Por otro lado, el plano superior queda demasiado bajo respecto al capó y oculta buena parte del avión cuando éste describe un ángulo muy acusado.


Exposición en la SALA PREVIA, primavera de 2003: “Haikus” (vendidos)


Continué trabajando en blanco y negro y con texturas, pero ya liberado del tema anterior, pintando una corta serie de cuadros pequeños inspirados en la estética zen y en los poemas breves de un bello librito titulado “Paisajes”, de José  Francisco Megías, al que conocí en una exposición. En estas obras comencé a introducir “bichos”: mariposas, arañas, libélulas…, que funcionan como simples “presencias”. Otros cuadros son simples ejercicios de composición. En ambos casos las fotos fueron hechas en su momento por José I. Pérez Lozano.







Exposición en la GALERIA MANOLO ROJAS, verano de 2002: “el árbol seco” (vendidos)


En cierta ocasión encontré un enorme árbol caído con sus ramas peladas apuntando en todas direcciones y las raíces al aire, completamente seco y descolorido, y cubierto en parte por una fina capa de barro agrietado que lo hacía aún más interesante. Era la viva imagen de la desolación pero continuaba siendo bello y ofrecía toda clase de posibilidades: entrecruzamientos, huecos, texturas… El sol creaba unos contrastes muy fuertes entre luces y sombras. Lo estudié un tiempo, haciendo fotos y apuntes a lápiz, y proferí un juramento al advertir que había olvidado una diminuta caja de acuarelas que suelo llevar en mis paseos por el campo.
Trabajé en el tema casi todo el año 2001 y al final completé una serie de veinticinco cuadros de formato medio, todos ellos sobre lienzo de lino. En los primeros trabajé mano a mano con fotos y bocetos, luego fuí introduciendo cosas, y pinté los últimos sin referencias ni ideas preconcebidas. También había que jugar con los espacios vacíos.

Para texturizar utilizaba una de esas pastas multiuso que se venden ya preparadas en tiendas de bricolaje y manualidades. Antes de secar improvisaba objetos para modelarla, desde un cepillo de raíces hasta una pequeña hoja de serrucho. Una vez endurecida también la rascaba con el filo de una cuchilla y con una carda. Respecto al “color”, elegí negro marfil (óleo) porque da una tonalidad cálida, aplicándolo muy diluido. Probé a introducir veladuras con otros colores, como azul y rojo óxido transparente, pero eran sencillamente innecesarios. El blanco “seco” e impoluto de la tela hizo el resto.